Desaparecida

Estos últimos tres meses han sido una montaña rusa de emociones. Pero si soy sincera todo 2019 ha sido un año raro. He tenido victorias personales muy padres pero momentos bajos muy deprimentes.

Una de las grandes victorias del año fue que al fin

¡¡termine el primer tratamiento de mi novela!!

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Esto pasó a mediados de octubre y no podría estar más feliz. Me tomó un poquito más de un año y medio terminarla, lo cual considero una gran victoria. Ahora sigue el siguiente paso (y el más importante): la corrección.

Ya que no tengo pendiente mi primer novela, ya podré retomar los mil proyectos de escritura que tengo abandonados… incluyendo este blog.

Sobre el bloqueo emocional.

Todos hemos sufrido con el bloqueo, a veces las ganas de sacar algo de tu sistema se mezclan con la frustración y el deseo de perfección. Nunca he tenido problema con sobreponerme a ello, de hecho creo que dejar que mi mente descanse y consumir contenido (series, películas, libros, cómics,…) perteneciente al género del que estoy escribiendo, me ayuda a inspirarme para seguir.

Acabo de terminar de vomitar mi primer novela. Así como suena: tengo un documento escrito a mano y otro tanto en la compu sin formato y con muchísimas fallas. Lo hice porque me urgía acabarla y también porque tenía miedo de que se me olvidaran algunas escenas clave que había ideado desde la primera escaleta. Todavía no sé si fue una buena o mala estrategia pero algo me sucedió al terminar: tuve un bloqueo emocional a la hora de corregirla. Fue muy extraño, las palabras están en la hoja y solo tengo que releer y cambiar donde sea necesario pero me fue emocionalmente difícil sentarme a trabajar. Llegué a la conclusión de que se trataba de alguna especie de bloqueo. Pasé por una montaña rusa de emociones sin entender por qué. No es que el trabajo estuviera terminado, simplemente lo saqué de mi sistema para agilizar el proceso de escritura. Por alguna extraña razón me sentía de luto como si ya hubiera dejado a estos personajes atrás. Me tomó un tiempo pero logré superarlo:

  1. Releí. Para volverme a motivar, me senté unos días a releer la novela tal cual estaba. Con un esfuerzo sobrehumano no hice correcciones a los primeros capítulos, era importante para mí entender que el camino que seguían mis personajes merecía un final digno y para lograrlo tenía que darle un orden a lo que faltaba.
  2. Objetivos semanales. En un mundo perfecto, podría cumplir con metas diarias de escritura. No siempre se puede y no hay nada malo en eso. Lo que más me ha funcionado son los objetivos semanales. Cada semana me proponía revisar dos capítulos mínimo. Aunque suena poco, el avance se ha hecho gradual y mi ansiedad ha bajado de nivel.
  3. Re-escribir. Hubo muchas cosas que empezaron a cambiar cuando comencé a revisar mi vomitada. La verdad me sorprendí, no porque escriba perfectamente a la primera (y todo el que te diga que nunca se equivoca en el primer tratamiento, miente), sino que creí que la historia ya estaba lista. Hubo personajes que cambiaron de rumbo y capítulos que eliminé. Fue curioso ver como ciertas cosas ya no quedaban con el desarrollo.
  4. Ir a un taller. Cada semana tengo una entrega “oficial”, necesito esa presión externa para cumplir conmigo misma. Es muy fácil procrastinar cuando se trata de un proyecto personal. La presión externa me ayuda a crear un compromiso no solo conmigo, sino con mi mentora y compañeros de taller. Me ha ayudado mucho asistir a un espacio donde la crítica es constructiva y ver las reacciones de los que me leen, ha resultado muy valioso.

Siempre he sabido que las historias tienen vidas propias, que los personajes te van guiando y que lo mejor es dejarte llevar. Esta novela ha sido una gran labor y el hecho de que solo me faltan 10 capítulos por revisar es una gran victoria. No me molesta lo mucho que ha evolucionado, al contrario, no sabía que esta historia tan compleja estaba dentro de mi.

Sobre las semblanzas.

Qué difícil es resumir tu trayectoria en un simple párrafo. ¿Qué debes destacar? Siempre me paraliza la idea de dejar fuera alguna información importante (como aquél concurso de cuento en la secundaria que gané). La última semblanza que escribí me tomó casi dos horas y media bolsa (grande) de doritos . He aquí algunas de las cosas que he notado en común en casi todas las biografías de autor:

  1. Lugar de nacimiento y dónde viven. Aparentemente es importante remarcar que no todos viven en el mismo lugar toda la vida.
  2. Qué y dónde estudiaron. Hay escritores que asumen su vocación desde pequeños y otros que toman un largo camino para encontrarse con las letras. Parece importante destacar talleres, becas, premios o residencias prestigiosas que los asocian a escritores famosos; aunque, personalmente, no creo que te hacen mejor escritor que alguien que nunca ha ganado un concurso.
  3. Su CV resumido y en qué trabajan ahora. Hay escritores que se ganan la vida con la venta de sus libros, mientras que otros tienen empleos o negocios propios que los ayudan a subsistir.
  4. Qué mascotas tienen. Según una gran variedad de semblanzas que he leído, los gatos y perros son grandes acompañantes de los escritores.
  5. Proyectos alternos. Muchos autores tienen blogs personales, canales en youtube, dan talleres o clases en algún lado, o incluso bandas. Quieren darlas a conocer y supongo que está bien que sepamos que su vida tiene varias facetas.

A final de cuentas, las semblanzas nos ayudan a conectarnos con nuestros autores. Todos en algún momento tendremos que escribir (y reescribir) una y, no está de más tener una lista para lo que se necesite.

La inspiración es un mito.

Entre más me dedico de lleno a mis proyectos de escritura, me doy cuenta que he vivido una gran mentira: las cosas no salen de la nada y no hay un éter de donde proviene todo. Cada página es el resultado de horas de pensar y organizar mis ideas, de escribir párrafos y editarlos inmediatamente porque no suenan bien; de bosquejar al personaje por todos lados y, sobre todo, de estar sentado frente a la computadora deseando que las cosas se solucionen por sí solas (porque ya me duele el cerebro). La inspiración divina es un mito. Nunca me he levantado y dicho: “necesito sentarme ahora mismo a escribir”, y proseguido a sacar hoja tras hoja de escritura perfecta. ¿De dónde salió esta idea? Tal vez surgió porque somos criaturas flojas que queremos todo ahorita y a nuestra manera. O, tal vez siempre fue parte de la mística que rodeaba a los grandes artistas, que tenían mecenas con recursos inagotables. Fueron tan prolíficos porque se dedicaban de lleno a lo suyo. Era una profesión.

He aprendido que: entre más flexionas los músculos creativos, la actividad se vuelve más llevadera…pero hay que dedicarle tiempo. Hay una razón muy importante por la cual cada escritor exitoso es tan firme con sus rutinas, la clave está en ser disciplinado. Entienden su proceso y se comprometen a él. Por más que me duela admitirlo, las cosas no se escriben por sí solas. Yo, por ejemplo, sé a qué horas trabajo mejor pero, no por ello puedo sacar de mi sistema todo lo que me gustaría escribir. Mi mente se tiene que enfocar, a veces me tardo en solucionar el propósito de un personaje o por qué una escena es tan importante. Necesito darme ese tiempo para pensar y después sentarme a escribir. Procuro hacerlo todos los días, con horario y metas fijas (dos horas al día o tres a cinco páginas en una sentada). No siempre lo cumplo. Decir que se necesita mucha paciencia con uno mismo, para realizar una actividad creativa, se queda muy corto. Aceptar y encontrar mi propio paso fue lo que cambió mi dedicación a cada cuento y/o capítulo.