Cuento: Guardián

Marissa podía escuchar la pelea hasta el área de las jaulas. No contaba con mucho tiempo. No lograrían evitar que el señor Marín se llevara a su perro, no importaba que hace dos días lo hubieran recogido de la calle con una pata fracturada, un ojo medio ciego y dientes tumbados. El asilo tenía sobrecupo y no contaba con los recursos para atenderlos a todos.

—Tenemos que hacer lo mejor con lo que tenemos— le repetía el veterinario, sombrío, a su asistente.

El labrador la miró nervioso cuando abrió la puerta de su jaula pero dejó que se acercara para acariciarle entre las orejas, en ese punto que ningún perro resiste. Marissa tomó asiento dentro de la jaula, su pulso se aceleraba. El animal se le acercó más para que le acariciara el cuello y después el lomo. Tenía el pelo tieso y cerca de las patas se le formaban rastas. Marissa lo abrazó y el perro le lamió el cachete. No chilló cuando la aguja penetró su piel, estaba distraído. Se quedó sentada con él, quería que sus últimos momentos estuvieran llenos de amor. Sacó un premio que tenía guardado en la bata y se lo dio. Mientras el perro masticaba, ella le besó entre los ojos y salió de la jaula. Tres minutos pensó mientras cerraba con llave, su respiración seguía agitada. El latido del labrador cesaría paulatinamente. Nunca volverá a sentir dolor ni miedo, pensó al alejarse.

Se dirigió al otro cuarto en donde se encontraban las jaulas más pequeñas que contenían, en su mayoría, gatos. Empezó a checar la tabla de medicamentos, a hacer su ronda. Los gritos seguían escuchándose desde la recepción pero ya no le importaban.

—Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos pero llegó muy mal— le diría el veterinario al dueño cuando encontraran el cadáver.

El señor Marín les prometería llamar a la policía pero todos sabían que era una amenaza falsa porque entonces comenzarían a hacer preguntas. Eso no le convenía. Le ofreceremos cremarlo pero nos mandará al carajo y nunca más sabremos de él pensó mientras desechaba la aguja. Se puso los guantes para empezar a atender a sus pacientes felinos.

Esa noche, Marissa llegó corriendo a su casa y se fue directo al cuarto. Se hincó y sacó, de debajo de la cama, una caja de madera desgastada de más de sesenta centímetros de largo y treinta de ancho. La recorrió con una mano mientras su respiración se calmaba. De su bolsa sacó un collar de cuero grueso color café obscuro y con una placa que decía “Dozer”. Abrió la caja y su corazón comenzó a acelerarse. Se sentía en las nubes cada vez que admiraba su colección de collares. Eran de todos los tamaños, gruesos y colores. La mayoría con placas en donde se leían una variedad de nombres: Manchi, Tizón, Chulo, Magno, Bamby, Alaska, Caimán, Chewy, Gordo, Kahlua, Monty, Fi-fí,… Recorrió las hileras con el dedo, ya son más de treinta pensó mientras acomodaba el de Dozer. Ya no sienten dolor, ni miedo.

Al fondo había un collar pequeño, de color rosa con manchas obscuras y muy desgastado. Una plaquita colgaba de él: “Coco”. Se le llenaron los ojos de lágrimas al tomarlo, pobre Coco. Besó la placa y cerró los ojos. Algunas noches podía escuchar el eco de los golpes contra la puerta. Había comenzado a cerrarla con llave a los 12 pero nunca pudo detener a su padre. Marissa se levantó la manga del brazo derecho, había cicatrices que el tiempo seguía sin borrar. Volteó el collar entre los dedos mientras las lágrimas recorrían sus mejillas. Pobre Coco, siempre fiel. Guardó el collar en la parte de atrás de la caja, se limpió las lágrimas con la mano y recorrió su colección por última vez antes de guardarla. El celular la sacó de se trance, era su jefe.

—Marissa, necesito que te regreses.

—¿Por qué?

—Decomisaron unos perros que usaban para peleas y los van a llevar al asilo. Necesito a todo el equipo.

El pulso de Marissa comenzó a acelerarse.

—Está bien, te veo en un rato.

Colgó. El pecho le dolía y no podía controlar su respiración. Se paró y comenzó a caminar de un lado a otro como león enjaulado. Pobres animales, han de sentir tanto miedo, tanto enojo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .